PERFIL BIOGRAFICO

Luciano W. Cámara nació en Rosario, el 7 de enero de 1916. Vivió en la ciudad de Santa Fe entre los 6 y 18 años. Fue en esa ciudad donde comenzó a jugar al ajedrez en un café llamado La Cosechera, en el que habìa varias mesas y se jugaba todo el día (quien perdía, dejaba el turno al siguiente). En 1938 obtuvo el titulo de Campeón Rosarino de Ajedrez. Eso le dió derecho a jugar el Campenoato Argentino de ese año, que ganó Roberto Grau y en el que Cámara clasificó octavo entre 22 participantes. En ésa época, Cámara era linotipista de profesión y fue fundador de la Federación Grafica Rosarina y primer vicepresidente de la Federación Argentina de Trabajadores de la Imprenta, cuyo lote fundador también integró. Este es un aspecto no conocido de la vida de Cámara, que, sin embargo, figura en la historia del movimiento sindical argentino como fundador de dos importantes organizaciones. Poco después , comenzó a representar a la Federación Rosarina de Ajedrez en la Federación Argentina.

Se mudó a la Capital Federal en 1943 y jugó diversos torneos, con suerte variada. Entre otros, fue segundo del gran maestro Herman Pilnik en un torneo magistral organizado por el Club Argentino. Durante varios años fue codirector de la revista El Ajedrez Argentino, que editaba la Federación Argentina de Ajedrez. En 1952 abandonó la práctica activa en torneos, y profundizó su tarea como analista, estudioso y compositor de problemas y finales artisticos. Inclinado también al estudio de la estetica y la filosofía, en 1954 publicó su primer libro, que tituló "El ajedrez como expresión artistica". En ese trabajo, sostuvo la idea de que el ajedrez no era solo un juego y tampoco un juego-ciencia, como habitualmente se lo denomina, sino una de las formas del arte. Para desarrollar su tesis, relacionó las ideas de diversos filosofos que abordaron los problemas de la estetica, con el estudio de partidas de grandes maestros, en las que Cámara subrayó expresiones de belleza y creación artistica parangonables a las de la plastica o la literatura. Este libro fue reeditado en España en 1983 con el título "El arte del ajedrez. De Anderssen a Karpov".

En 1966 pubicó Aprenda Ajedrez, un manual de iniciación, del que se imprimieron siete ediciones. Poco después publicó el segundo tomo con el subitulo "Introducción al juego superior".

En 1972, al consagrarse Robert Fischer campeón del mundo, analizó su juego y su vida hasta ese momento en un libro que tituló "Bobby: el triunfo de una obsesión".

Pero antes, en 1961, había obtenido el primer premio y la medalla de oro en un concurso internacional de finales artisticos organizado por el Club Argentino en memoria del finalista Daniel Deletang. En el concurso, participaron 35 composiciones inéditas pertenecientes a 21 compositores de Alemania Occidental, Estados Unidos, Checoslovaquia, Francia, Inglaterra, Italia, Paraguay, Polonia, Unión Sovietica, Belgica, Uruguay y Argentina. El jurado lo integraron los maestros Benko, de Argentina, H.M. Lommer, de Inglaterra, y L. Prokes, de Checoeslovaquia. El maestro Benko expresó que tras ver la solución del final no creyó que fuera exacta, porque le resultaba increíble la forma en que se llegaba a la posición de tablas. Luego de examinarlo con detenimiento, pudo comprobar su exactitud y elogió entonces el sutil desplazamiento del alfil, que tiene jugadas únicas para finalmente volver a su posición inicial. El gran problemista Arnoldo Ellerman calificó los movimientos del alfil como manifestación de "la poesía del ajedrez".

En 1970, en el congreso realizado en Siegen, Alemania, Cámara fue designado árbitro internacional. Para entonces ya había dirigido numerosos torneos y publicado trabajos sobre el reglamento del juego. En este costado de la práctica ajedrecistica se había  iniciado en 1954, cuando fue fiscal del match Argentina vs Unión Sovética. Fueron muchisimos los torneos magistrales en los que Cámara fue director.

Como periodista y analista, tuvo a su cargo las columnas de ajedrez del diario La Prensa, entre 1956 y 1980, es decir, durante 24 años. Luego se incorporó al diario La Nación, donde cumplió la misma tarea entre 1980 y  2004, es decir, por otros 24 años. Cubrió como periodista todos los grandes eventos ajedrecisticos del país ocurridos a lo largo de 50 años.Fuera del país, asistió a olimpíadas y matches internacionales. Fue colaborador de las revistas Siete Dias, Joker y Confirmado, así como de las revistas especializadas Ajedrez de Estilo, Tiempo de Ajedrez y LADAC. Publicó su columna en la revista dominical de "La Nación" hasta la semana de su fallecimiento. Fue varias veces miembro de la Comisión Directiva del Club Argentino, vicepresidente del Club y presidente de la Comisión de Torneos.            

 

UN TRIBUTO DEL CLUB ARGENTINO A UNO DE SUS MAS INCANSABLES COLABORADORES: Luciano W. Cámara

 

En un emotivo acto realizado en el hall de entrada del Club Argentino de Ajedrez, Paraguay 1858, a las 19.30 hs del 26 de noviembre de 2009, el presidente de la institución Luis Palacios, en presencia de la familia Cámara (Tita, Ricardo y José Ignacio), le rindió un tributo a Luciano W. Cámara. La biblioteca de la institución esta remozada y aumentada con la donación de la familia Cámara de los más de 500 libros de Luciano y el Club Argentino descubrió una plaqueta en el segundo piso, con el nombre de “Biblioteca Luciano W. Cámara”. Recordando a Luciano dijeron unas palabras el Presidente del Club Argentino, Carlos Cranbourne y Ricardo Cámara. El Presidente leyó un email enviado por el Gran Maestro Pablo Ricardi, amigo personal de Luciano Cámara.

Unas palabras sobre Luciano Cámara. (Por Pablo Ricardi)

Conocí a Luciano muchos años antes de mi ingreso al diario “ La Nación ” en 1996. Pero fue a partir de allí donde ambos nos hicimos amigos. Una amistad poco común ya que él me llevaba más de cuarenta años. Todas las semanas compartíamos café y tertulia. Al principio yo lo trataba con reverencia; Luciano era un prócer en La Nación , donde todos lo llamaban “Maestro”. Pero al poco tiempo descubrí, con algo de sorpresa, que me gustaba conversar con ese hombre adusto, disciplinado, y por sobre todo, sabio.

Yo lo tuteaba, y a veces lo trataba como si fuéramos compinches de travesuras. Creo que al permitirme esta libertad me demostraba su afecto.

Esos años coincidieron con los mejores de mi rendimiento deportivo en el ajedrez, y a medida que la confianza entre nosotros fue creciendo, Luciano empezó a seguir mis partidas con interés. El fomentó en mí el gusto por los finales, terreno en donde era un experto. Recuerdo muy bien cuando, luego de vencer al gran maestro griego Kotronias, en un final de alfiles, me dijo “Jugaste al óleo”. Ese elogio valía para mí más que cualquier otro, porque Luciano no era complaciente y siempre decía lo que pensaba.

Para mí fue un maestro de vida; hablábamos de todo, y en todo su opinión era serena, equilibrada, y, casi siempre, canónica. Yo aprendí de él a ser objetivo, a reprimir la vanidad, a buscar el punto justo de todas las cosas. Ahora, con el periodismo convertido en un negocio de mercachifles, lo extraño mucho porque no encuentro otro modelo ético como él para servirme de guía.

Muchas más cosas recuerdo de Cámara; las veces que fui a comer a su casa con su mujer Tita y Luisito Scalise, su tenacidad e inteligencia aprendiendo a usar la computadora a los ochenta años, su invariable afecto por el Club Argentino.

Me parece muy justo que el  tesoro de su biblioteca sea una forma de perdurar su nombre, y también que sea en el Club Argentino de Ajedrez, por el que Cámara hizo tanto.

Vaya para su familia un cálido saludo de mi parte, y aunque lamento no estar presente físicamente en este homenaje, quiero decir que a Luciano Cámara lo llevo en el corazón,  y dondequiera que yo vaya, algo del gran hombre permanece conmigo.