AJEDREZ: ¿DEPORTE, JUEGO O QUE? EL MENOS IMPORTANTE DE LOS PLANTEOS

(Por Mario Daniel Serafín).-
No demasiado tiempo atrás, muchos sosteníamos que el ajedrez era una disciplina deportiva más que el juego reservado para “pensantes”, una  terminología  que en general  gozaba de mayor aceptación para definirlo.   Bastaba para nosotros conocer detalles sobre la competencia ajedrecística y su preparación integral  para establecer claras diferencias al respecto. Muchas cosas en este tiempo han ocurrido informática mediante. Hoy día si debe aceptarse que nada es igual, salvo su esencia misma, esa que debe dejarse en claro y establecerse.
Hasta que el desarrollo de los procesadores, inventados por el mismo hombre, no pudieron superar al campeón mundial: recién lo alcanzó el super programa Deep Blue II en un promocionado match con Kasparov en 1997,  el ingrediente “humano” de este “deporte” tenía el atractivo que hoy se ha diluido y cuya sensualidad definitivamente desaparecido.
Desde ese momento el porcentaje de sorpresas, innovaciones, estudios “caseros” y sustentos tradicionales del ajedrez, claudicaron ante la informática. A la hasta entonces sorprendente cantidad de variantes y estrategias anticipadas que el mejor ajedrecista pensaba y desarrollaba sobre el tablero, hoy la máquina puede imponer una cantidad y vastedad de alternativas e invariables respuestas superadoras.  Hasta entonces se podía suspender una partida.  Los jugadores llevaban a sus lugares de analisis las posiciones y retornaban con las mejores continuaciones estudiadas con sus colaboradores.  El jugador de ajedrez entonces se relajaba practicando algún otro deporte (generalmente tenis), desarrollando caminatas y tomando baños y recuperaciones físicas de este tipo. Con la mejor continuación propuesta por sus analistas de carne y hueso al día siguiente reanudaban.  Entre partida y partida esta disciplina eran una constante. La oxigenación y la procura de plenitud física eran objetivos similares como los de cualquier otro deportista..  Hoy es imposible: cualquier posición de partida suspendida “puesta” en la máquina encuentra la continuación ganadora en cuestión de minutos.  De hecho está prohibida reglamentariamente para lo cual se reemplazó el tradicional sistema de reloj por el conocido como “Fischer-time”La “deshumanización” alcanza su máxima expresión.
Aún descendiendo en la escala de exigencias de nivel hasta lo que pudiese resultarnos “accesible”, la esencia competitiva está desnaturalizada.
Conocimientos que antes se lograban solo después de muchos años de estudios, maquina mediante,  ahora nos sorprenden para producir Grandes Maestros menores de 15 años, otrora niños “ultra-prodigios”.
Pero es descendiendo aún más, casi llegando al paso que pueda darse apenas después de conocerse piezas, movimientos y el “mate pastor”, donde subyace ese valor inmortal del ajedrez: el aporte que hace al desarrollo del pensamiento del ser humano.
Poco importa incluso que no sepa leer. No tiene demasiada trascendencia la comprensión integral de la temática de cada encuentro en las aproximaciones de inicio.
Aún sin saberlo,  sobre el tablero evidenciamos como somos. Cuánto estamos realmente preparados para esperar, elaborar  y resolver cuestiones trascendentes sobre el tablero que, naturalmente, se dan en la vida misma.
Probablemente el resultado de cada partida pueda pre-determinarse informáticamente, con escasos márgenes para la creatividad y resolución ajena al encanto que ya no es.
Pero el ajedrez no perderá esa característica que aún no sabemos quienes, hace miles de años, lo diseñara: 16 piezas por bando desplegando movimientos solo en 64 casilleros encerrando tantas alternativas como la vida misma.
Para ejemplificar lo dicho, podríamos decir que el ajedrez, antes de la década del 80, era solo una competencia de rally (como el Paris- Dakar que ahora se corre entre Argentina y Chile). La informática pos-90 trajo a los autos de Fórmula Uno a ese Rally. En ambos casos el piloto tiene que ser bueno, pero la creatividad del mismo, solo se puede apreciar en el rally.