DICKENS LIBROS
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DE TORNEOS, PREMIOS E INSCRIPCIONES
Por Héctor Alvarez Castillo
alvarezcastilloh@yahoo.com.ar

La realidad de nuestro país en bien conocida no sólo entre nosotros, sino también fuera de sus fronteras. Nada podemos ni vamos a agregar sobre esto. Y en esta realidad, que se va derrumbando encima de nuestras cabezas, organizar torneos de ajedrez parece una tarea de Sísifos que jamás se dan por vencidos. De ahí que saludemos cualquier justa que se lleve a cabo en una arena deportiva cada año más seca y árida. Pero, aún en este escenario sin Prixs, sin grandes abiertos, con sponsors que se caen, sin campeonato argentino a la vista, se puede dialogar sin tabúes y consideramos que es necesario señalar algunas cosas, aunque más no sea para abrir la polémica y que vengan otros a ampliar o corregir nuestros juicios a la manera de un foro público.
Sabemos que las condiciones de juego que se ofrecen a los ajedrecistas no son las de Europa, que los premios siempre han sido escasos y que en el mejor de los mundos sólo sirven a la mayoría de consuelo el día en que les toca agitar la sortija. En años de competencia nos ha sido común oír quejas acerca de esto. Si se tiene en cuenta lo que se paga de inscripción y lo que se puede llegar a cobrar en premio, muy pocas veces se salvan los viáticos. Y esto cada vez es peor. Siempre se presentó como una verdad que todos compartimos en silencio: "al fin de cuentas, lo que queremos es jugar, sabemos desde el primer día que en el ajedrez no hay plata". Sí, esto lo aprendimos todos antes de diferenciar el enroque corto del largo; pero, ahora se ha hecho más patente.
Para ejemplificar lo que deseo trasmitir, como caso paradigmático voy a tomar el último abierto proyectado para Buenos Aires durante esta temporada estival: el Torneo Abierto de Verano "Memorial Anthony Miles", organizado y auspiciado, según lo que nos comentó el Sr. Guelman, Presidente de la entidad, por el Club Argentino de Ajedrez. El evento otorga tres premios libres según colocación general. Estos son de $ 400.-, $ 200.- y $ 100.- Luego entrega cuatro recompensas a las categorías, cada uno de ellos de $ 80.- Éstas son al mejor sub-2350, sub-2150, sub-2000 y sub-1800 ó no ranqueado. Siete premios en total, sin reparto en caso de empate, para una competencia que uno debe estimar en 80 participantes. La inscripción para los socios que estén al día es de $ 18.- y para los no-socios de $ 27.- Después hay una ligera diferencia para los inscriptos en grupos familiares -siempre es bueno tener un gemelo, una tía o al menos alguien parecido.
Ya habíamos comentado que uno no juega al ajedrez para ganar dinero, uno paga para jugar, eso está muy claro. La pregunta es por qué se debe pagar tanto en concepto de inscripción si las chances son más o menos las de Rambo o Indiana Jones, y sin conocer al director del film. Además, por qué, si escasea el dinero, no se hace un reparto más justo -una escalera un poco más estimulante- con el monto que hay para la bolsa. No soy dirigente, una sola vez lo fui y -sinceramente- para ir a escuchar a los dioses de turno en mesas directivas donde está todo cocinado, me quedo jugando con mis hijos a Batman y Robin, aunque me toque hacer de Guasón. Yo elegí escribir acerca de lo que amo, no dar otro tipo de pautas; pero, aquellos que eligen dirigir desde el estrado, no pueden justificarse con que no hay sponsors, con que el club es él que pone el dinero. Bueno, Sr. Dirigente, si Ud. eligió estar ahí, muévase acorde a su cargo, sino venga conmigo a jugar a Batman, en mi casa nadie quiere hacer el papel de Batichica.
Por otra parte, llama la atención -en el caso de estudio- el ranking tomado en cuenta para las categorías. Que abarquen hasta 200 puntos de Elo a mi entender es una barbaridad. No se puede poner en el mismo sitio a un jugador de 2160 con otro de 2345, por ejemplo, por más que una partida la gana cualquiera; pero, aquí la cosa se pone más difícil, ya que el desempate es por bucholz y éste siempre favorece a los de arriba si hay igualdad de puntos. El jugador de 2200 promedio, sabe al inicio del certamen que tiene que salir al menos 4to. para entrar seguro a la premiación, y -dada la población de maestros- sus chances son casi nulas. ¿Es justo que esto sea la situación inicial? No, bajo ningún pretexto, más allá que aceptamos que pagamos para jugar, pero, al menos esfuérzence un poco más por disfrazarnos esta nefasta realidad. Los que pagan inscripción -los maestros son invitados- son los se quedan sin probar la torta. Creo que es bueno un aire de honestidad, sería más digno que de entrada nos dijeran: "Muchachos, para Uds. no hay nada. Inscríbanse que lo importante es competir."
Un caso más grave son las últimas ediciones de las Semifinales del Campeonato Argentino. Pero, sobre eso alguna vez ya hemos hablado y el tema es infinito.
Necesitamos dirigentes y organizadores idóneos. Los otros no se hagan problema, recuerden que los espero en Ciudad Gótica.

ESA COSA LLAMADA AJEDREZ
Por Héctor Alvarez Castillo
Del ajedrez unos van y otros vuelven, y todos sin saber con precisión qué es esa cosa llamada ajedrez. No alcanza con conocer las reglas, con manejar la teoría como un gran maestro. Ni dirigentes ni jugadores ni árbitros pueden definirla. Tampoco podrá un escritor. Porque esa cosa llamada ajedrez va más allá de una mala movida, no es sólo una celada ni un final bien jugado. Ajedrez es desde el instante en que comenzamos a ir al círculo, el momento en que ponemos las piezas sobre la mesa después del almuerzo, cuando abrimos el diario buscando la partida que salió ese día y nos aprendemos los dos o tres movimientos que nos pueden dar el punto, ajedrez es cuando llamamos para saber con quién jugamos a la noche, cuando discutimos que estábamos ganados, cuando no dimos tablas y no hicimos ni tablas. Ajedrez también es para nosotros hablar del Viejo y decirle El viejo, decir La Leyenda y saber que hablamos de Marcelo Tempone. Oir a Bulcourf que la Ruy López tiene trece respuestas lógicas mientras la Polaca llega a dieciséis, moviendo las manos en el centro del gimnasio donde se realizó el cierre de la octava edición del Abierto Pro-Am, en medio de los cinco últimos asistentes que se resisten a marcharse, con fe en que la fiesta, esa cosa que entre otras es el ajedrez, no culmina, que mañana estará viva nuevamente.
Ajedrez es cuando terminamos la noche comiendo pizza con cerveza, después de haber gustado vinos de más de un color, habiendo pasado de Fischer a los filósofos griegos, de política al Beto Alonso. Ajedrez es sentarse a escribir esta nota cuando está haciendo cerca de 25 grados y más de un rostro viene a la memoria, cuando un chico de ocho años está repasando una variante y Ud. no se consuela todavía de lo mal que movió el rey después de ese jaque, de no haber entendido que era la otra torre -siempre la otra torre- y tiene que esperar hasta mañana para sentarse al tablero, esperando ver qué hacen los otros en el torneo, aprendiendo a manejar un ritmo que cada vez hace todo más difícil.
Ajedrez es esta cosa a la que damos realidad entre todos, y si no me creen pregúntenle a Kieseritzky y a Dufresne. Ajedrez es ajedrez, ésa es la cuestión.

2001: ODISEA TERRENAL

A Fernando de la Rua


Pedro está esperando que llegue el miércoles y que Eduardo le traiga lo que le debe. Ya no puede más ni sabe qué decirle a Emilio. Él también tiene sus problemas. Desde que cerró el taller lo único que pudo hacer fue ir vendiendo las máquinas tapando algún agujero y a los inconvenientes de ayer se le suma pedir que le paguen después exigir y ahora implorar Están en el mismo juego. Todos están en el juego. Irma vuela por los aires. Le prometieron pagarle este mes y parece que va a tener que aguantar hasta enero y en enero no hay tribunales. Seguro que se come hasta marzo y esos se van afuera con el dinero de ella. Les debe a todos. Ya no hay más crédito. Se hace lo que se puede. Para el pueblo lo que es del pueblo. Llame a quien llame están en la misma. Nos infectaron. No somos capaces de salir. Para el pueblo liberación. Los de la luz le dieron una semana y los del gas están dormidos. Cuando despierten mejor irse por la ventana. La vieja hizo lo que pudo. Ahora a ella también la engancharon vino el descuento y largó un remedio. Vio al médico y le contó. Le aviso que no podía que no es aconsejable que es peligroso más no se puede le dio un par de muestras pero no queda otra. Ojalá que no reviente es fuerte siempre se la banca. Roberto también está con dificultades. Hay que pagar las cuotas y no tiene cómo. Llamaron al garante. Se complicó lo del alquiler. Yenny me habló anoche por teléfono está asustada me dice que ella trabaja que no entiende por qué le sucede esto. Cada uno desde el mejor al peor del padre al amigo y del hermano al conocido cada uno quiere lo que es suyo bajo apercibimiento de iniciar las acciones legales pertinentes. Esto parece que va para largo. En el discurso estaba todo ordenadito pero semana a semana mes a mes la misma cantilena. El pelado se abraza y sonríe. A quién carajo le sonríe. Ajuste asuste reajuste embuste. Del precio las cosas pasan a tener valor menos nuestra vida que va perdiendo el suyo. Marta me dice que a ella no le importa que ya no le importa qué le puede importar. El cheque vino de vuelta. Alfredo le dijo que no se preocupe. Hasta la llamó antes. Ese sí que fue un buen gesto pero con eso no alcanza. La pelota se la pasó al socio pero el socio tiene todo embargado y lo que le queda está a nombre de Laura. La mujer lo quiere pero ya no va más. Tiene la casa hipotecada vendió el coche los hijos andan en cualquiera. Y ahora cómo sigue. Hay que tener paciencia cuidar la salud leer autoayuda los psicólogos fueron. Por suerte gana la selección y en cable siempre pasan la misma película. A Lili y a Chacho se los ve cada día más entusiasmados. Qué parejita. Mamma mía. Esa gente sí que está bien de la cabeza. No hay vueltas el mal olor siempre llega desde el Riachuelo.

Héctor Alvarez Castillo

DISPOSICIONES FÍSICAS DEL SR. QUANT
"... la mecánica es el paraíso de las
ciencias matemáticas, el lugar donde
se recogen sus frutos en sazón."
Leonardo Da Vinci

I

Blas Quant apareció en este mundo una fresca mañana de invierno. Era un sitio difícil de localizar, con nieve en las calles y frío en cada alma y cada cuerpo. No el frío de todos los días, un frío más áspero, un frío de hielo seco que alcanza los huesos y se instala en cada uno hasta derretirse. Los niños del parque jugaban con ruedas y palos sin pensar que era el 14 de diciembre de un nuevo siglo y que en otras tierras físicos que rondaban la locura, matemáticos con espíritu de poeta, labraban en fórmulas certezas relativas.
Ese día nació Blas y desde aquel momento comenzamos a recibir noticias de él con la misma frecuencia con la que se sabe de un amigo que se ha marchado lejos y que cada tanto, cuando los acontecimientos le ofrecen la libertad suficiente, nos envía una carta, un fragmento de vida, el recuerdo y el sabor de exóticas comidas, sales que no condimentaran nuestros labios, colores que no deleitarán nuestros ojos. Nos llega el aroma de ese mundo a semejanza de los pétalos de rosa que caen al té para hacer de esa infusión una bebida exquisita. Y con esas notas de una existencia que conocemos como fisgones, vamos armando una totalidad caprichosa, iracunda, pero, no menos esencial que otras que percibimos a diario.

II

Entró en el aula como penetra el aire por las hendiduras de las puertas. Se destacaban de esa figura su alta delgadez y unos breves lentes que pendían del tabique de la nariz. Se sintió azorado por tanta presencia, por tanto olor animal. En oportunidades devoraba con los sentidos todo lo que estuviese cerca. Merced a esa leve apariencia lograba que nadie sospechara del origen y la calidad de sus aptitudes. Sus facultades lo sorprendían a él mismo y con el tiempo tal vez esa perplejidad se estuviese grabando en su rostro. Hoy era la primera jornada de clases y entre las tres materias que le ofrecía la curricula para armar el paquete del primer año había optado por el curso de Historia de las Artes. Se quedó con ese universo que iba en diagonal desde las pinturas rupestres a las pirámides del Nilo, del arte escita a las columnas del Partenón, de las primeras iconografías del cristianismo al imperio bizantino, al arte carolingio, al milagro del Renacimiento y también al sueño romántico y que -caudal que abre su curso- desembocaría en el arte abstracto y en los sonidos de Stravinsky.

III

Miró hacia el patio que crecía amplio más allá de las ventanas y al divisar aquel tramado de baldosas blancas y negras sintió un temblor capaz de hacerle golpear las rodillas contra un banco. Julius giró y lo observó como interrogándolo. ¿Se conocían? Jamás lo había visto, pero, ¿podía estar seguro?

- ¡Siéntese, por favor!

- Si.

- ¿Es nuevo aquí? - Hubo un gesto de risa. Algunos se distrajeron para prestar atención a ese nuevo colega. Cruzaron miradas y volvieron a sus cosas.

- Llegué ayer.

- ¿Su nombre?

- Quant, Blas Quant...

- Bueno, ahora ocupe su lugar y trate de asistir a horario.

- Gracias.

Luego de la seguidilla de preguntas y respuestas, Blas dejó sus libros sobre el banco y ubicó cada objeto con minucioso ademán, limpió las gafas apenas veladas y mientras iba oyendo el inicio antiguas formas en que los hombres perpetuaron su paso por la tierra se le iban mezclando con su historia pasada o futura. Tenía los ojos puestos en ese patio ajedrezado que perturbaba su singularidad y se fue yendo de ese tiempo y de ese espacio sin que los otros pudiesen advertirlo.

IV

¿Era un sueño o realmente se hallaba entre esos hombres? Ingresó a una sala donde no distinguió a nadie. Se encontraban sentados en sillas o caminando seres que lo miraban con aprecio y simpatía, que lo saludaban con una sonrisa, con algún gesto, seres que parecían venerarlo. ¿Quiénes eran? ¿De dónde lo conocían? También estaban los que lo examinaban con aire displicente, queriendo advertir a qué se dirigía con su paso.
Blas fue guiado, no supo cómo, a sentarse ante un caballero de rasgos españoles y morenos que exhibía una solvencia y seguridad más propias de la naturaleza que de lo humano. Sólo aquél parecía concitar en esa tarde mayor atracción que su presencia. Pero, su cuerpo no era el mismo, su cuerpo estaba raro. Se sentía más fuerte, adiestrado desde hace mucho para ese gran día.

V

Comencé el juego con Caballo tres alfil rey, luego siguió un doble fianchetto. Mi rival hizo lo suyo. Cuando me tocaba conducir las piezas blancas venía jugando ese esquema que en el futuro llevaría mi nombre. Me sentí como pez en el agua, pero, del otro lado sólo recibía confianza, nada de vacilación, nada de duda. Se alzaba de su asiento y se paseaba por el salón con paso generoso entre las mesas, observando las partidas de los otros maestros.
Ninguno de los que estaba allí presentía que la historia iba a escribir una página inolvidable. El movimiento de nuestras manos fue dibujando un diseño de equilibrio en los flancos que cada uno de nosotros iba a tener que descifrar con sagacidad y urgencia. El tiempo iba a marcar la partida a igual que lo hace con nuestra vida. No iba a ser posible volver atrás en ninguna decisión. Los peones una vez que avanzaran jamás retornarían a su hogar. Ninguna pieza podía florearse sin sentido.
Logré una cuña en el flanco dama y después de las escaramuzas centrales vi que su rey quedaba expuesto en la diagonal larga y ese detalle táctico me permitió una pequeña combinación de jugadas que iba a dejar a mis piezas, en especial a los caballos, dueñas del tablero. Es cierto que él se movió con su afamada destreza. Ya habían pasado cerca de diez años desde su última derrota. Por los corredores murmuraban que era una máquina y que sólo podía realizar jugadas exactas, precisas, jugadas perfectas. Juicio tan popular como excesivo, pero, era habitual verlo demostrar qué fácil era vencer merced a un detalle. Con su sencillez y profundidad triunfaba gracias a mínimas ventajas, sin saber lo que es correr riesgos. Lo sentía frente a mí aún cuando apretara los ojos y los mantuviera bien cerrados, lo sentía como se siente el olor del pasto y de la tierra húmeda, sin necesidad de abrirlos a la lluvia que golpea todo lo que encuentra en su camino. Y, tal vez debido a secretos motivos o gracias a esa juventud que ya se iba apagando, pude soportar la prueba, templar mi carácter y ser quien no era. Pude aislarme de todas esas cosas y abstraer mi psiquis de esa presencia. Moví Caballo tres rey.
Su dama iba y venía sin hallar casilla segura. Mis torres, espadas de doble filo, separaron el campo en dos. Sus piezas no podían entenderse. Buscaban un íntimo contacto, pero, eran un ejercito que había extraviado el compás sin ser capaz de marchar a un mismo tiempo. Era una horda que se apretujaba en un espacio reducido. Restaba la estocada final que desnudara la verdad de esa posición. Su rostro se volvió adusto, sombrío, ya no era el mismo que horas antes se había sentado frente a mí. Fue el primero en comprender que ese día la suerte iba a cambiar.
En este mundo el destino común es que la fortuna vaya de una mano a otra, la más de las veces, sin demasiado ruido, mientras nosotros sólo estamos para observar así como lo hicieron esos espectadores de Nueva York en 1924, contemplando el desatino de Capablanca en dejar su caballo justo en ese escaque y ver mi torre avanzando hasta caer en cinco dama y decidir la partida. Luego vino una risa, una risa silenciosa, una alegría que no puedo relatar. Esa dicha es un sol que se apaga al instante de haber destellado, cubriendo con una luz única el curso de la existencia.

VI

- ... era la manera que para su mentalidad tenían los antiguos etruscos de asegurar la fecundidad en el futuro. El rito indicaba que la ciudad debía ser fundada trazando el contorno merced a un arado con reja de bronce y que éste era arrastrado por un toro y una vaca blanca, símbolo de pureza ...

Otra vez aquí, oyendo esa voz, viendo esos rostros tan semejantes y tan distintos.

- Mañana terminaremos con este tema y empezaremos a hablar acerca del arte helénico. Los espero a las nueve.

Se despidieron del profesor e inmediatamente comenzó una diáspora de la cual algunos partieron en grupos, otros daba la impresión que no tenían en claro hacia dónde dirigirse y comenzaron a perderse entre los pasillos y claustros que se abrían lado a lado. Las escaleras también eran un refugio para muchos cuerpos que parecían fugarse por esos resquicios en la construcción que era más un palacio que una casa de estudios. Blas pensó en cambiar palabras con ese compañero que parecía reconocerlo sin saber de dónde ni desde cuándo. Una joven quiso averiguar quién era ese nuevo alumno; pero, se acercó unos metros y luego cambió bruscamente de dirección, dejando a nuestro amigo como se abandona a una nave que parte de la costa, yendo cada vez más hacia ese horizonte donde se va extraviando la noción de la ciudad y de las relaciones humanas. Desorientado, Blas se alisó las ropas. Miró sus manos donde parecían confluir más arrugas que en las manos de cientos de guerreros, secó el sudor que le mojaba la cara y empezó un itinerario que no sabía hacia qué ámbito lo iba a llevar cuando el sol ya comenzaba a calentar el adoquín de las calles y se iba sintiendo en el estómago un vacío semejante al hambre.

VII

Decidió ver a su madre. Sería la misma de siempre. Lo estaría aguardando con la mesa bien dispuesta, con la comida caliente. Nada debía haberse modificado desde los días de la infancia y de la adolescencia. Ella le hablaría amablemente; él, si no podía ocultarlo, insinuaría algún problema, comentaría sucesos que ninguno guardaría en la memoria más que por ese almuerzo y después se marcharían, cada uno, rumbo a sus quehaceres. Mientras que Blas se entretuviera con sus libros o con su colección de discos, mirando hacia el techo o golpeando los dedos contra la madera, oiría la voz de ella canturrear la música de su pueblo, las canciones de su juventud.

VIII

- ¡Es temprano aún! No te esperaba a esta hora.

- No te preocupes mamá, tengo cosas que hacer.

- ¡En un instante estará listo! Una buena salsa con carne y algo de verduras. ¡Ya verás que no es para cualquiera! Hay fruta en la fuente.

Apoyó los libros en la mesa, se tiró en un sillón para sacarse los zapatos y vio su foto sobresalir del centro mismo del escritorio. ¡Pero, era él! ¡Quién era ese hombre! Se tocó la barba. Los ojos eran azules y el espejo devolvía la misma imagen capturada en ese paisaje de montañas.

- ¡Despierta! ¡Lávate las manos y a comer con tu madre! Debes contarme cómo van las cosas con esa niña...

IX

Era una adolescente cuando se conocieron. Tenía catorce años y una figura que apenas se mantenía erguida, soportando risueña esas pesadas ropas de lana, esos sacones amplios donde se perdían los brazos y las piernas. Cuando caminaba diríamos que era el color lo que iba de un lado al otro y no esa joven danzarina. Franjas rojas y azules adornaban los bucles dorados que venían del tiempo de la niñez, el ensortijado cabello que no sabía de mudanzas. Soplara el viento con su furor contra esa pequeña cabeza, lloviera sin cesar días enteros, nada podía alisar los rulos que daban contraste a ese rostro alegre y lechoso.

- ¿Y si un día dejamos de vernos, y si un día te olvidas de mí para siempre y nada más no une?

Decía las cosas más bellas y simples, interrogaba con ternura aunque sólo fuera para que yo le dijese lo que ella deseaba escuchar.

- ¿Es cierto que me quieres? ¿Es cierto que a nadie has amado así, que ni siquiera has amado hasta conocerme?

Cómo no decirle sí a cada pregunta que su voz susurraba mientras recorríamos calles que sólo nosotros visitábamos, caminos que se perdían en el bosque cuando la única luz comienza a ser la de la luna y el verde oscuro de esas horas recoge las prendas que el amor va dejando a uno y otro lado.

X

- Es dueña de las palabras.

- ¡Qué decís!

- No, nada...

- No entiendo.

- No, no hay nada que debas entender...

- ¿Entonces?

- ¿Entonces qué?

- ¿De quién hablás, quién es dueña de palabras, qué palabras?

- De las palabras que necesitamos, que queremos oír todos los días, ella es la dueña de esas palabras, nadie más que ella.

- ¿Qué palabra necesitás escuchar?

- No es una palabra, no son éstas o aquéllas; de lo que hablo es de lo que no sé, no sé qué palabra hasta que no la escucho de su boca, su boca roja...

Y así pasaban los días. Quant en esa nueva estancia fue menos Quant que antes y sí mucho más un joven que a veces con vigorosos y otras con temblorosos pasos va improvisando en la vida dicha y desazón. Perturbado, ni encontraba en el mejor amigo a la persona con quien sincerar su alma y así iba vislumbrando, tras el tamiz del romántico corazón, esa verdad a la que le faltaban palabras para saber de qué se trata, palabras que nunca serían de él, palabras que siempre llegarían de afuera.

XI

Por la ventana que da a la calle entraron los sonidos y el ritmo de mi sangre con tal claridad y elocuencia que despertar entre los míos fue más agradable de lo que durante años había imaginado. Había vuelto a casa. Mis hermanos estaban crecidos, no eran esos chiquillos que andan a la caza de aventuras para quedarse con alguna ventaja. Cuando llegué a la almacén de Johnny, vi a Pick y a Mary corriéndose con los hijos de Susan. Los distinguí por la nariz y las piernas flacas. Moqueaban y estaban sucios, pero, llevaban la frente como la lleva un blanco, alta y con el pelo lejos de esos ojos donde enseguida pude reconocerme. Mary se me hechó a los brazos, Pick tardó un día en volver a hablarme como antes, pero cuando lo hizo casi me cayeron lágrimas. Es el único que me dice Biggy. Fue una de las primeras palabras que dijo. Mamá me cuenta que cuando los dejé pasó varios meses asomándose a la puerta aunque ya fuera demasiado tarde y no se oyera a nadie andar por las calles. Sé que soy negro, ellos son negros y son mi familia. No me molesta, volví y mis porquerías, como las llama Jerry, están en el mismo sitio. Lo que me llevé es lo que traje: mi trompeta Dizzy. El bronce y mi boca hacen buena pareja. Biggy the Boss, Biggy y el jazz, ése soy yo. Tomamos un poco de licor y nos entusiasmamos hasta la madrugada. Algunos amanecemos tirados por ahí, otros son capaces de llegar a sus casas. No importa. Después comenzamos de nuevo y hacemos lo mejor, le ponemos música a esta ciudad, somos su sombra tanto como su luz.
Benson me vino a contar sus enredos con Lauri. En los pantalones le habían aparecido unas manchas blancas, restos del día en que pintó el negocio de Johnny y, sin preocuparse mucho, ella aprovechó para dibujarle un par de corazones con el nombre de los dos. Mientras me hablaba noté que con las palmas intentaba fingir un parche y ocultar esos lunares. Yo apenas lo escuchaba. Estaba alegre y a un mismo tiempo aturdido. Sentía el entusiasmo de esta vida entre el alcohol, los compañeros y las mujeres, también el afecto de los míos, los arrumacos de Mary, la voz de mamá, la mirada de Pick; pero, mi cabeza empezaba a estar en cualquier parte. ¿Quién era? ¿De dónde había llegado realmente? ¿Por qué a veces no distinguía a nadie y se me aparecían otros nombres y rostros en la memoria?

XII

No he pisado jamás una ciénaga, no sé lo que se siente cuando al menor impulso los pies, el cuerpo, todo esto que soy y no he perdido, se va hundiendo sin que ninguna fuerza nos rescate. Mi vida ahora está en ese pantano y los árboles y malezas, con su indiferencia vegetal, no ceden a mi exasperación. Deslizan su forma por mi piel, llevándose las huellas y el olor fresco y atezado. Nada de lo que me rodea parece saber lo que me sucede y no dejan de ser cómplices de lo que escapa y somete mi voluntad. Un felino trepado a las alturas con la conciencia de no poder mantenerse. Sin el instinto del animal. Con el peso de lo que no puede sujetarse y sólo aguarda caer para alcanzar al menos una vez y en ese gesto su verdadera identidad.

XIII

Es como en un sueño ver en penumbras lo que ayer era nítido y vivaz. Estar en el vacío. Sin masa. Ser luz no materia. Materia no luz. Ondas. Corpúsculos. La cabeza me da vueltas. Caigo fuera de la cama y veo mi cuerpo tendido sobre la alfombra gastada de una habitación de hotel. Soy ése. Ése que está tirado con la boca abierta y babeándose. Hay una botella vacía encima de la mesa junto a dos vasos, y no he tomado y nadie ha estado conmigo. Trato de entender y es difícil, según dónde estoy, según con qué percibo se modifica el carácter de las cosas, se modifican los seres, los objetos, los nombres, cambian las ciudades, es otro el mundo que se arma a mi alrededor y cada elemento de esta estructura está solidariamente unido en sus entrañas. No soy capaz de descifrar el mecanismo de mi existencia, conocer el principio que hace que me mantenga en reposo durante horas, días y años, siendo alguien que pasa al olvido y se troca en otro cuando alguna fuerza, que no sé quién imprime sobre mí, hace que entre en movimiento, con una velocidad siempre igual, en línea recta, hasta que se repite el ciclo. La fricción me detiene, el roce, la superficie sobre la que me instalo va gastando mi impulso y sé que nuevamente otra identidad me espera.

XIV

Sin memoria no hay identidad. Se es nadie y aunque el nombre no varíe ni en una letra, el nombre se vacía de sentido. Yo soy ése y soy ese nadie. No tengo pasado, sólo muchos presentes. Una tarde en una ciudad poseo un cuerpo que descubro lentamente al mover un brazo, al avanzar las piernas. Advierto el color de mi piel siempre cambiante. Soy un frasco que se llena con diversos líquidos, pero, no soy ese frasco sino que soy el líquido que se derrama por azar dentro de distintos recipientes. No entiendo lo que sucede. Es extraño, eso sí que lo comprendo, pero, no alcanzo a saber en qué consiste. He especulado noches enteras, noches hasta agotar la madrugada, y nada me he dicho que satisfaga mi entendimiento y sosiegue mis inquietudes. Sin memoria no soy ese hombre ni otro. Mis transformaciones me convierten en un pueblo sin historia y todo lo que pueda decir no son más que balbuceos. Todo es aleatorio, en nada encuentro compromiso, nada me contiene.

XV

Nuestro amigo llegó al parque de diversiones. Grupos de personas entraban y salían de los juegos algunos cantando, otros riendo, agitados iban presurosos a los kioscos de comida donde adquirían gaseosas, panchos, sandwiches, o al instante se dirigían a las boleterías para continuar el juego. Quant no sabía qué era lo que estaba buscando. Dejó de cumplir con las obligaciones del trabajo, con los compromisos familiares, con lo que los demás esperaban de él y fue a ese ámbito mágico que por unas horas podía distraerlo de sí mismo.
Por una callecita que se abría entre una amplia carpa y una pista de autos chocadores, vio a un niño de unos ocho años ir de un lado a otro. Aparecía y desaparecía con dos globos de colores. Blas se acercó y el niño lo observó con tal detenimiento que sobrecogió al mayor. No estaba acostumbrado que un niño lo mirase de ese modo.

- ¿Estás solo?

- Espero a mi madre. Fue al baño.

- No es bueno estar solo, sos muy pequeño para eso.

- ¿Y usted? ¿Está solo?

El niño inclinó su cabeza de uno a otro lado con tal gracia que hizo sonreír a Blas, mientras que con sus dedos iba separando los hilos enredados. Parecía que un gato estuvo jugando con ellos hasta transformarlos en un ovillo donde distraerse de la molicie.

- Creo que sí, al menos por ahora.

- Le regalo este globo. ¿Le gustan?

Alargó una mano hacia Blas y le otorgó el presente. Blas se sorprendió y vio como esa esfera roja, que se agitaba a la menor brisa, se alzaba decidida y sin límites hacia el cielo intenso de la noche.

- ¿Fue a la cueva de los desaparecidos?

- No, no sé qué es eso.

- Queda allí. Yo no voy, dicen que es peligrosa. A veces sale gente que no ha entrado y algunos de los que penetran no regresan jamás. Mamá no quiere.

Blas se quedó mirando hacia la cueva de los desaparecidos, le llamaron la atención los dibujos de animales, los colores de los ojos, las siluetas de seres fantasmales que plagaban las paredes externas de esa edificación de estilo gótico. Bóvedas que se sucedían, arcos ojivales que no eran de ese lugar, aristas, líneas de intersección que exhibían un quiebre y una búsqueda propias del espíritu.

- ¿Y, va a entrar? ¿Se anima a probar?

- Puede ser. Después te cuento si es cierto.

- ¡Alejo! ¡Alejo, ven acá!

Imelda apareció desde un lateral pidiendo por ese hijo que estaba junto a un extraño y, por un instante, su voz y su presencia distrajeron a Blas.

- ¡Ya voy, Mamá, ya voy! Lo tengo que dejar señor...

- Recuérdame como Blas, y que tengas suerte Alejo, éres un muchacho inteligente.

- Y usted tenga cuidado. ¡Hasta pronto!

- Me gustaría volver a verte. - Apenas murmuró estas palabras ya estaba solo.

Inició su marcha hacia la cueva. El chico le había dicho algo falso que sin embargo podía transformarse en realidad. Giró el rostro un par de veces. ¿Estaba despidiéndose? ¿Era el viento frío que con la caída del día empezaba a molestarlo? Sacó el ticket con una sonrisa y la mirada melancólica que lo había embargado las últimas horas. Guardó el dinero que le sobraba y saludó hacia atrás, hacia nadie. Iba a realizar su primer viaje consciente sujetando un globo con su mano derecha. Estaba ahí, bien arriba, rojo y etéreo, girando al menor soplo de aire.

Héctor Alvarez Castillo
Villa Urquiza, mayo del 2001
 

KRAMNIK SÍ O SÍ EL NÚMERO UNO
Escribe: Héctor Alvarez Castillo
alvarezcastillo@sinectis.com.ar
¡Murió el rey, viva el rey! Cuesta aceptar que el ogro de Bakú ya no es quien fuera por el transcurso de quince años. Tanto cuesta esto y tan desconfiada y suspicaz ha llegado a ser la opinión pública que en estos días bullen voces que hablan de tongo, chateos en ICC con discusiones donde aflora un aire de hinchada, notas de GM donde el que escribe siente que debe hacernos saber que Kasparov es Kasparov, que un resbalón no es caída, haciendo evidente que la figura del vencedor no logra romper el encandilamiento. Se dice que lo de Londres fue entrega pensando en la bolsa que viene. Es cierto que Garri después de las dudas que dejo su juego en el último match contra Deep Blue puede hacernos fabular hipótesis de las más variadas y todas dirigidas hacia un camino común. Esta suma de elementos y juicios se realiza dejando al margen de cualquier cuestión a la maestría y a la personalidad de Vladimir Kramnik, figura opaca en comparación a la del ogro; también gris con sus veinticinco años si contemplamos al Korchnoi retador y rebelde al sistema, quien a los cuarenta años se las veía regularmente cheek to cheek frente a Karpov. ¡Hasta Tolia emerge con mejor talante! Estos elementos que parecen demasiado ajenos, - y que sí lo son en el momento de mover las piezas- se diluyen en el imaginario de los espectadores cuando éste trabaja por su cuenta dejando a un costado datos más que elocuentes, por ejemplo, que de las casi últimas cien partidas -disputadas quizás en el más alto nivel de la historia del ajedrez- perdió un solo encuentro -ante Michael Adams- y que así y todo triunfó en ese evento. Recordemos que Kasparov no lo vence desde 1997 y que hasta este encuentro estaba 3 a 3 con 18 empates, y que raspando puedo alcanzarlo en el marcador de un match de ping-pong a 24 juegos, disputado en dos jornadas, quedando 12 a 12 tras ganar puntos en los encuentros finales.
Sabemos -no sólo por especulación, sino por haberlo observado en la práctica- que cuando se enfrentan los dos mejores ajedrecistas del momento en una larga y por todos lados extenuante lucha por el título, los errores que se cometen, las imprecisiones que comprobamos, los deslices, intercambio de colgadas, ceguera ante golpes tácticos de aficionado e idas y vueltas en la ventaja, son ingredientes que no se pueden dejar de mencionar. Luego de las quince partidas desarrolladas en Londres, donde la tensión alcanza el punto más alto, tal vez se puedan hacer preguntas básicas en relación a la cuestión principal: ¿Cuántas jugadas merecedoras de un signo de interrogación realizó Kramnik en todo el desarrollo del match? ¿Y de doble signo de interrogación? No estamos buscando hablar de máquina de jugar ni de elevar a la categoría de perfecto a ningún mortal, como en su tiempo sucedió con Capablanca -aún cuando no es casual que aquél sea su jugador preferido-, pero, hallar puntos débiles y movidas realmente flojas en el nuevo Campeón Mundial -porque no es ni más ni menos eso: el nuevo Campeón Mundial- no es tarea que pueda acometerse a la ligera.
Nadie es imbatible, eso lo sabemos muy bien, todos hemos visto a Tyson rodar por el piso y recibir golpes estando groggy, pero, aún cuando lo sabemos hasta el hartazgo, construimos argumentos que nos disuaden de ver la realidad tal como es. El ogro de Bakú no acapara demasiadas simpatías, pero, así y todo: cómo cuesta aceptar que fue vencido y que ese gigantón de más de cien kilos le hizo el uno dos y lo dejó tendido en la lona.
Kramnik es el número uno y el resto empieza a ser historia.

MAS BARRERA QUE VENTURA
Por Héctor Alvarez Castillo
alvarezcastillo@sinectis.com.ar
Sin irnos muy atrás en la historia, durante la década del '90 los conflictos entre la FEMEDA y la FADA llegaron al punto de juicios, sentencias, idas y vueltas judiciales, que desperdiciaron demasiada energía, vínculos y prestigio. Al mismo tiempo nuestros jugadores más fuertes, nuestra antigua y preciada elite, fue testigo en carne propia de cómo sus probabilidades de salir bien colocados en los magistrales cada vez eran más remotas, tan remotas como son ahora las posibilidades de participar en ellos. Visto desde otro ángulo se puede enunciar que en este período logramos un campeonato mundial juvenil, dos campeonatos mundiales por equipos en la categoría sub 26, también sudamericanos y títulos de GM, MI y MF, como nunca hasta entonces. Pero, a la hora de la mayor verdad, nuestro actual número uno está lejos de pertenecer al grupo de los 100, para dar una cifra que antes resultaba por demás exagerada. Y si la cabeza es así, imaginemos las chances del resto. Mucha energía, vínculos y prestigio se disparó sin poder alcanzarse una meseta desde la cual serenar los ánimos y planificar con noción de futuro, y no tener que estar salvando continuas coyunturas.
Ahora nos encontramos con que la gente de la FEMEDA de los '90 es la esencia de la FADA del 2000. Recuerdo un chiste de aquella época que decía que los juicios que algunos dirigentes iniciaban de un lado del mostrador los iban a tener que pagar ellos mismos cuando estuviesen sentados del otro. La situación que se hereda es peor que la de un mal juicio, se ubique uno en el sitio que prefiera, porque ahora ya no hay buenos lugares. Nada quedó virgen. Argentina es Argentina a lo ancho y a lo largo.
Al nombrar a esos maestros que son los representantes del nivel y la actividad nacional reflexionamos en lo poco que pueden cotejar con sus pares de otras naciones y así adquirir enseñanzas. Hasta el momento existía un ámbito que salvo excepciones era la salida a la arena magistral, ese ámbito lo conformaban las participaciones a los mundiales promocionales, los torneos panamericanos y las olimpíadas. Allí nuestro ajedrecistas podían sentarse ante los mejores jugadores del mundo y cachetazo va, cachetazo viene, sumar temple y conocimientos. Pero en el 2000, en el primer año de ejercicio de la presidencia de Nicolás Barrera, esto no fue así.
En distintas columnas, notas informativas, cartas de jugadores y -por lo que se comenta- nuevos juicios, se puede tomar conocimiento de una serie de incumplimientos, demoras y desprolijidades que nos ponen de cara al abismo. No es mi intención volver aquí sobre tales datos, pero, la manera cómo se llega a los Juegos Olímpicos rebalsa el vaso. Y aquí no se trata de emitir opiniones que buscan más bien castigar desde afuera ni de hablar de vergüenza. Pero, el panorama se presenta demasiado desalentador y como en toda relación, cuando las cosas llegan a un punto de mutua desconfianza y agresiones de ambos lados, poco queda por hacer. Y aquí veo por una parte a la comunidad ajedrecística con muchos defectos y fallas, pero que, debido a su magnitud, siempre está en constante movimiento, y por el otro lado, a la dirigencia, sin representación firme en ninguno de los segmentos de aquella comunidad con la cual si no se identifica al menos debe saber seducir y no herirla regularmente.
Tal vez sea el momento de tener un gesto que a la postre los enaltecería: que la actual Comisión Directiva de la Federación Argentina de Ajedrez presente su renuncia en pleno y llame a elecciones anticipadas. Dirigir una Federación Nacional como la nuestra, con un proceso en crisis y magros, por no decir nulos ingresos, sumado a que toda la sociedad no está en mejores circunstancias- es una ardua y embarazosa tarea para la cual posiblemente los actuales dirigentes no están capacitados o no tienen los "contactos" necesarios y el apoyo de la "gens". Ambos son elementos imprescindibles al momento de tener que solucionar los inconvenientes que surgen. Dar un paso al costado considero que es el único camino viable no solo para ellos, sino para la suerte de nuestra Institución señera y también del ajedrez argentino en todos sus flancos.

CRÓNICA Y REFLEXIONES ACERCA DE LAS SEMIFINALES DEL CAMPEONATO ARGENTINO
Escribe: Héctor Alvarez Castillo
Del 29 de agosto hasta el 6 de septiembre último, se disputaron en el predio del Centro Recreativo Nacional de Ezeiza las Semifinales del Campeonato Argentino Superior. Este torneo -que contó con 53 representantes de 14 federaciones y se festejó a 9 rondas y por sistema suizo- clasificó a los ocho primeros jugadores al turno final, a disputarse, posiblemente, en la provincia de San Luis durante las primeras dos semanas del mes de octubre próximo.
Se puede decir y sin exagerar que estas Semifinales comenzaron cerca de dos meses atrás, antes que se pusiera el primer reloj en marcha, al saberse que se iban a realizar en Ezeiza en nueve jornadas consecutivas y sin premios. A ellas estaban invitados a participar todos los jugadores de entidades afiliadas que superaran los 2349 puntos de Elo y seis representantes más por federación -item que tocaremos más adelante. Esta propuesta inicialmente podía hacernos creer que íbamos a tener un abierto que además de reunir a una gran cantidad de jugadores, citara a muchos maestros en su intento de llegar a disputar el turno Final. Pero, no fue así y -en este último punto- fue todo lo contrario. Las quejas que en el ambiente empezaron a sonar fueron en síntesis por dos motivos: el lugar -la pretensión general fue que ésta se realizaran en la Ciudad de Buenos Aires- y la falta de premios. Se habló de un espontáneo boicot de los jugadores titulados hacia esta decisión de la nueva Comisión Directiva de la FADA. Los maestros habrían decidido no participar por entender que un torneo de estas características iba contra su profesionalismo.
Si hacemos un esfuerzo y nos ubicamos en la mayor objetividad que podemos alcanzar, consideramos que el proyecto de FADA tenía en su génesis un conflicto de posiciones. Por un lado se solicitaba a los participantes una disposición amateur: que jugasen sin premios en efectivo, no obstante abonar $ 60.- como inscripción. Y a la vez se les pedía que durante nueve días seguidos se avinieran a sentarse ante un tablero a las 16.00 horas en punto y en un predio nacional dentro del Partido de Ezeiza. Esto significaba que si provenían del interior y pagaban $ 100.- en concepto de estadía, se alojaban en el citado lugar por el término de la competencia, de otra manera diariamente debían ir y volver a sus hogares. Unos y otros, bastante fácil es darse cuenta, debían dejar abandonadas sus ocupaciones laborales. Se sumo a estos inconvenientes que sólo había 50 plazas para alojar a los semifinalistas y acompañantes, teniendo prioridad todos aquellos que viviesen a más de 50 kilómetros del predio.
Este panorama previo fue la principal causa de la numerosa deserción entre el grupo de los mejores ajedrecistas de nuestro país que debían disputar esta etapa, llámense estos: Sorín, Zarnicki, Slipak, Tempone o Rubinetti, entre otros.
¿Cómo se esmeró la FADA para compensar estas condiciones que desde un principio no se presentaban como las deseables? Acerca del traslado al predio de Ezeiza, para los que no se alojaban en el mismo, dispuso un micro confortable que diariamente realizaba dos paradas de ida y de vuelta -Once y Liniers- y que solucionó correctamente el problema del transporte. Cabe señalar que por las noches, luego del fin de las rondas, el micro comenzaba su viaje de vuelta a Buenos Aires recién después que los jugadores hubiesen cenado y conocido el fixture del día siguiente. Además de la cena, a los jugadores se los convidaba con una balanceada merienda, que -junto a aquélla- fue una grata sorpresa para todos. Es bueno mencionar que a los visitantes al torneo, en todos los casos, se los invitó a compartir la mesa con los participantes.
El grupo humano que estaba a cargo de la organización siempre permaneció cerca de los jugadores. Esto vale tanto para Juan Luján, que ofició como Director del torneo, hasta Nestor Calúa, que hizo de Coordinador del mismo. No escapándosele a éste ni el menor detalle para hacer cumplir las exigencias de silencio y atención necesarias. Cuando una puerta hacía ruido al cerrarse, inmediatamente improvisaba una solución merced a una cinta de embalaje, si afuera -por las características del recreo- aparecían chicos ante los ventanales, era el primero en darse cuenta y pedir que se retiraran o se comportasen sin alterar la calma del ambiente. El equipo de árbitros estuvo integrado por el A.I. Alcires Miguel Calúa como Árbitro Principal y Héctor Fiori y Mariana Trench como Árbitros ayudantes. En ningún momento hubo reclamos relevantes y los apuros de tiempo no trajeron más consecuencia que las habituales. No quedó nada en lo arbitral que sea motivo de polémica. En la misma inauguración, Alcires Calúa indicó que las partidas debían decidirse en el tablero, adelantando que en contadas ocasiones podía tener injerencia un fallo que proviniera del árbitro a pedido de un jugador, como es la habitual solicitud de tablas cuando queda poco tiempo y un bando considera que no puede perder "ajedrecísticamente" en esa posición. El trabajo de este grupo fue completado con la feliz entrega al promediar la ronda del boletín del torneo con todas las partidas incluidas del día anterior. Material estimable tanto para la preparación de las partidas como de documento del evento.
La propuesta de la Federación Argentina de invitar a cada entidad afiliada a enviar seis representantes para intervenir en las Semifinales del Campeonato Argentino Superior de este año, sin distinguir en las plazas otorgadas la población de ajedrecistas activos y la fuerza de los mismos que componen cada federación, tiene ventajas y desventajas. Lo primero que se nos presenta es la facilidad o dificultad que para clasificar observa un jugador cuando evalúa la disparidad general de los rivales que debe enfrentar en una u otra zona. El ranking promedio de los torneos superiores habla por sí solo. Pero, a favor de esta iniciativa hay algo muy importante -en especial en un momento tan poco iluminado para nuestro ajedrez. Con esta medida cada federación puede hacer cotejar a seis de sus mejores y promisorios valores de igual a igual en una competencia a nueve rondas donde trabará conocimiento y medirá su maestría. Esta posibilidad traerá aparejados beneficios en todas la fases que hacen al plano deportivo. Para ilustrar esto comento el caso de la Federación de la Provincia de Mendoza que junto a los reconocidos Alejandro Needleman y Jorge Luis Fernández -a la postre clasificado al turno final- envió al cadete Leonardo Duarte de apenas 13 años -tablas en la 5ta. ronda contra el maestro Facundo Quiroga- y al juvenil Martín Herrera. Ambos jugadores de buena actuación.
Desde el inicio y al contemplar el listado y ranking de los participantes se podía prever que -salvo alguna sorpresa- el torneo iba a transcurrir con una serie de empates en los primeros tableros, luego de las primeras rondas. El sistema de desempate que por reglamento de FADA se utiliza (Bucholz de 8, se elimina el peor de los 9 rivales), entendemos que favorece a los jugadores de arriba el tranquilo tránsito hacia el fin del evento. Por el corte que se realiza ronda a ronda a efectos del pareo y el ir realizando tablas de maestros en las partidas que -de disputarse- serían de peligro y en muchos casos cruciales, los jugadores más reputados actúan como un equipo que se largara a hacer una carrera de postas teniendo del otro lado y como rivales a individualidades sin ningún apoyo. Es indudable que se clasificaron los mejores y que tener Elo más alto funciona como justificado mérito, pero, el resolverse el desempate en los puestos clasificatorios -los palmares del torneo- por Bucholz y haciendo este análisis, no parece ser un buen aliciente para la competencia. Si los desempates fuesen mediante un minitorneo -el cual podría festejarse entre una o dos jornadas, según la cantidad de participantes, y a tiempo menor que el usado durante el evento- probablemente el deseo de no caer en esta nueva justa alentaría el tomar riesgos. Otra posibilidad que también llevaría a disputar con más interés las partidas duras es el incentivo de los premios. Este punto tiene el lado débil -ya lo sabemos por experiencia- de los pozos comunes. Pero, eso es harina de otro costal. Por otra parte, si uno quiere que un maestro se esfuerce es correcto a su vez que ofrezca algo que justifique ese esfuerzo.
Una falencia importante por el lado de FADA -y que deseamos que sea subsanada en el futuro- es la falta de un parque de relojes digitales que posibiliten la devolución de tiempo (20 segundos por movida es lo habitual), luego del uso completo del tiempo inicial. Al término de la tercera ronda sucedió un inconveniente en el cual se hace más que evidente que en la actualidad, en partidas de torneo que se disputan a finish, no se pueden emplear los antiguos relojes con sistema mecánico. En el encuentro entre Carolina Luján y Carlos Schuster, en un final de peones h y f por bando más caballo y alfil para Luján y caballo y torre para Schuster -estando éste sumamente apurado por tiempo- llegó a tomar el caballo blanco, quedando en el tablero mate en una. Luján una jugada antes reclama tiempo, dice que la aguja está enganchada, y ésta en la jugada posterior cae. Resultado final 1-0. Otra historia, muy probablemente, hubiese sido con los relojes que desde 1993 aconseja la Federación Internacional y que son usados en los certámenes oficiales.
Falta decir que el lugar era cómodo, la comida buena y que sería bueno mejorar la iluminación de la sala donde se disputó el torneo. Aquéllos que participaron finalmente concluyeron dando un visto bueno a los esfuerzos hechos por los dirigentes en un país que navega en una balsa enclenque con un mar embravecido. En el acto final se agasajó a los recientemente triunfadores del Mundial Juvenil por Equipos celebrado en Brasil: M.I. Rubén Felgaer y al Campeón Metropolitano Gastón Varela, y al entusiasta maestro Francisco Benko, que recibió calurosos aplausos de todos los presentes.

AJEDREZ AL MARGEN DEL AJEDREZ (1)

Escribe: Héctor Alvarez Castillo

Cuenta la leyenda que Sissa, hijo de Dahir y encargado de educar al príncipe real, inventó un juego en el cual a modo de instrucción el rey fuera la pieza principal, pero nada pudiese hacer sin la ayuda de los súbditos. Aquel príncipe, en gesto de agradecimiento, ofreció a Sissa lo que a éste le antojara. Así fue como tuvo el sabio una segunda ocasión de enseñar humildad a su discípulo: pidió un grano de trigo por la primera casilla del juego, dos por la segunda, cuatro por la tercera y continuó doblando de esta manera la cifra hasta alcanzar el escaque sesenta y cuatro, el último del tablero de su invención; solicitando que a la postre la reunión de tales granos le fuese entregada. Esta petición que inicialmente parece tonta, arroja la cantidad de 18.446.744.073.551.615 de semillas. Nuestro generoso príncipe, a semejanza del síndico de la historia del flautista de Hamelin, no pudo cumplir con su promesa. Desde ese origen de leyenda y oscuridad el ajedrez ejerce sobre sus iniciados una fascinación inagotable.

A Jorge Luis Borges se le aparecía como un rito. Con este calificativo lo refiere en su primer soneto consagrado al juego, agregando en otra composición:

También el jugador es prisionero
(La sentencia es de Omar) de otro tablero
De negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
De polvo y tiempo y sueño y agonías?

Sirviéndose el escritor del paralelo con el juego regio para plantear poéticamente su problemática metafísica. La libertad y el poder que en apariencia ejerce el hombre en el mundo que ha creado, contrastan con los severos límites que le impone el universo, mostrándole de este modo la falta de gobierno sobre sus actos y los acontecimientos.

Con el tiempo los artistas han pasado a utilizar regularmente la metáfora del ajedrez como elemento adecuado a sus fines. Contemporáneamente quien tal vez con mayor difusión realizó esta experiencia es el cineasta Ingmar Bergman en su film El séptimo sello. En él la muerte disputa una partida contra Antonius Blok que va a decidir la suerte de este personaje. Y como el arte vuelve sobre sí mismo al erigirse en fuente, en el poema Ajedrez del chileno Waldo Rojas hallamos que éste recrea la escena y los motivos que en ella conspiran, para decirnos:

Antonius Blok, quien volvía de las Cruzadas, no tuvo en cuenta
que a Dios no le habría gustado el ajedrez
aun cuando de veras hubiera algún día existido.

Thomas Stearns Eliot, en el segundo poema de La tierra baldía, escribe:

Y jugaremos una partida de ajedrez,
Apretando nuestros ojos sin párpados, esperando que llamen a la puerta

para remitirnos luego a Women beware Women del dramaturgo inglés Thomas Middleton, célebre por su A game at chess. Como se ve es notoria la abundante cantidad de menciones que se hacen del juego de ajedrez, apoyándose en él tanto como símbolo y metáfora o como simple pasatiempo que mantiene su presencia en los hechos humanos.

Podemos interrogarnos, siendo acordes con el tono de este artículo: ¿qué hay con los jugadores de ajedrez, al margen del ajedrez? El Dr. Reuben Fine -que en su momento fuera candidato al campeonato del mundo y, por otra parte, un notable psicoanalista e historiador de esta disciplina- nos habla sobre esto en su ensayo Psicología del jugador de ajedrez. En ese trabajo cuenta, entre otras cosas, que el Gran Maestro polaco Akiba Rubinstein sufría la idea paranoide de ser perseguido, y que "si un desconocido entraba en su habitación, Akiba Rubinstein salía corriendo o incluso se arrojaba por una ventana". De Wilhelm Steinitz, que fuera Campeón Mundial en el siglo XIX, nos comenta que decía estar en comunicación directa con Dios y que podía darle la salida y peón de ventaja y, no obstante, ganarle.
Pero, no todos los casos son como éstos, aun cuando siempre esté viva esa fascinación de la cual hablábamos en el comienzo, eso que hace decir al Gran Maestro danés Bent Larsen que el ajedrez es "una hermosa amante a la que volvemos una y otra vez, sin que importen las muchas veces que nos rechaza". No son menos elocuentes las palabras dichas a modo de confesión por el Campeón Mundial de la PCA, Garri Kasparov, cuando nos relata su propio inicio en el juego: "... y yo creía haber llegado a un país encantado, al país encantado de las piezas de ajedrez".

(1) Ajedrez al margen del ajedrez fue publicado por primera vez el domingo 13 de mayo de 1990 en el Suplemento Cultural del periódico La Prensa; posteriormente, en el mes de junio de 1994 lo divulgó el mensuario Ecos de Palermo.

CALIBÁN CALIFA KHALIFMAN

"I'll be wise hereafter,
And seek for grace." (1)
The Tempest, 5.1.294-295
William Shakespeare

"El título mundial ha desempeñado su papel. Es una fórmula anacrónica necesitada sólo por los oficiales de la FIDE y por los mismos campeones. ¡Permítame decirle que la FIDE es un fracaso total! Sobrevive solamente vendiendo competiciones a los patrocinadores."
Aprendiz de brujo: Un caballo es más veloz que otro.
David Bronstein

1.
Es posible que algunos, debido a la celeridad de estos tiempos, se hayan olvidado que tras la muerte de Alexander Alekhine (1892-1946), se inauguró para la lucha por el Campeonato Mundial de Ajedrez el proyecto más eficaz y democrático conocido hasta entonces. En 1948 se disputó en dos etapas -La Haya y Moscú-, un torneo quintangular a cinco vueltas entre los considerados principales exponentes del juego. El ganador fue proclamado Campeón Mundial, título que estaba vacante desde la defunción del astro ruso. El certamen pudo reunir a seis jugadores si no hubiera sido por la deserción voluntaria del talentoso Reuben Fine, y por la negativa de Mijail Botvinnik -quien a la postre se alzaría con el primer puesto y el título-, a la inclusión de nuestro ajedrecista más fuerte: Miguel Najdorf. Este evento fue el primero en el cual la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) arbitró soberanamente en la disputa por el máximo galardón.

2.
En el medio siglo que continuó, la historia del ajedrez se nutrió como nunca de jugadores de alto nivel. La realización cada vez más asidua de torneos abiertos, la regularidad con la cual se organizaron los torneos zonales e interzonales, sumado al festejo cada dos años de Olimpíadas, con un número siempre creciente de los países que intervienen, fueron benignos factores que actuaron como caldo de cultivo para la divulgación cada vez mayor del juego, favoreciendo notablemente el progreso teórico del mismo. Con sólo tener en cuenta el escenario de 1925, momento en el cual aparece en Berlín una obra capital en el estudio del ajedrez: Mein System, de Aron Nimzowitsch, podemos ante la inmanejable cantidad de información actual admirarnos de la velocidad de los cambios. En nuestro fin de siglo centenares de publicaciones, colecciones de libros especializados, con el agregado en la última década de la aparición de programas de informática diseñados específicamente, y ahora las páginas de internet, hacen que este juego de treinta y dos piezas poco tenga que envidiar a las ciencias en su búsqueda de la verdad.

3.
A la par de este balance es esencial hablar de tres momentos coyunturales que sobresalen por encima del resto, y que alteraron cada uno a su modo la carrera hacia el título mundial. El primero de estos a nuestro juicio es la implementación después del Torneo de Candidatos de Curaçao, 1962 -por las razones que esgrimió Robert Fischer-, del ciclo de matches del cual, por eliminación directa, emerge el desafiante oficial para medirse con el campeón. Este sistema duró, sin sobresaltos, hasta 1996, con la variante de incorporar en las semifinales de ese ciclo al mismo poseedor del título, teniendo éste desde ese momento iguales derechos y obligaciones que el resto de los jugadores. El empate en el score final de match ya no significa la retención de la corona o el paso a la otra ronda, sino el correspondiente alargue en la cantidad de partidas. Esta variación fundamental de las condiciones no ocurrió con un campeón en alza, sino con el campeón hasta ese momento más débil de la historia. Anatoli Karpov vuelve a poseer el título que perdiera ante Kasparov en 1985, como consecuencia de un match que disputa ante Jam Timman por la vacante que se produce en éste cuando el llamado genio de Bakú patea el tablero. Adelantándonos en la presentación: para nosotros ése es el tercer momento esencial a destacar en la historia del ajedrez federativo desde 1948.

4.
La segunda crisis que designamos es la suspensión del primer match entre Karpov y Kasparov, en 1984. Ya es un problema bizantino querer resolver a instancias de quién obró el entonces presidente de la FIDE, el filipino Florencio Campomanes, y más aún- teniendo en cuenta que el marcador estaba 5-3 a favor de Karpov, y conociendo el resultado del posterior encuentro entre ambos rivales-, saber a quién benefició. Pero, sobre lo que sí no quedan dudas es que no se respetaron las reglas iniciales pactadas entre las partes, con el aditamento de agregar un salvavidas para el campeón con el aggiornado accesorio del match revancha. La negativa para defender el título que hizo pública Fischer en 1975 se basaba en que no se le concedían las condiciones que él estimaba justas para enfrentar al challenger. Tales condiciones diez años después estaban más cerca de lo que cualquier estadista en aquella ocasión podría haber determinado. En ese lapso se gestó la bomba de tiempo que estallaría por un móvil publicitado como económico, un problema de bolsas, premios y contactos. Lo que en realidad estaba en discusión era la suma del poder y el control sobre el título. El número uno indiscutido no estaba dispuesto a aceptar ningún tipo de límite por parte de la FIDE, y desde años atrás venía trabajando para poder dar el mayor salto conocido por parte de un campeón, sin miramientos de ninguna índole: el cisma. Nigel Short, quien venció por encima de los pronósticos al eterno Karpov en el match final del Torneo de Candidatos, y fue erigido como desafiante oficial de la FIDE ante Kasparov, tuvo que hacer valer su derecho por fuera, en un ámbito nuevo, la Asociación Profesional de Ajedrez (PCA). ¿Quién era el creador e ideólogo de la PCA? Kasparov. Ningún otro ajedrecista tenía el poder de modificar la realidad de tal manera.
Estos tres acontecimientos o la serie de ellos, a nuestro juicio son los causantes de la situación vigente. Los últimos tres campeones oficiales de la FIDE en el término de estos 27 años -si pensamos en el Karpov versión '99-, no han perdido su título en el tablero. Esto al menos echa un velo de sospecha sobre la conducta de los dirigentes responsables, o algo serio pasa con los jugadores.

5.
Por declaraciones a la prensa de parte de algunos de los maestros que compitieron en el torneo de Las Vegas, se puede presumir que esta modalidad para el Campeonato Mundial no es a juicio de ellos deficiente. En el término de pocos días pueden alzarse con una buena cantidad de dólares, desde los 6.000 iniciales a los que tienen derecho al participar. Lo que no se menciona en esta crítica favorable a la dinámica deportiva y económica de la competencia es que la ausencia natural del indiscutido número uno del mundo, Garri Kasparov, y del número dos, el indio Viswanathan Anand, despejan las posibilidades para que cualquiera de los aún selectos maestros que intervienen pueda -si en esas semanas le toca estar de buenas-, hacerse con un título al que de estar presentes los mencionados, y por supuesto, en especial el primero, esta posibilidad actualmente sólo sería motivo de ficción. Hasta el turno de semifinales los matches se disputan al mejor de dos partidas, luego al mejor de cuatro y recién el match final, del que sale el campeón mundial, se realiza a seis encuentros. De mediar empate en la cantidad de partidas asignadas en cualquiera de las etapas, el match se resuelve por sucesivos matches a dos partidas con disminución del tiempo de juego. Dos partidas y hasta cuatro, se sabe que no es en más de un caso suficiente para demostrar la superioridad de un rival sobre otro. Si bien esta modalidad no favorece que el jugador inferior venza al que en otras situaciones impondría su maestría, tampoco plantea las mejores condiciones para que se imponga en el duelo el mejor entre ambos. Un estudio de laboratorio, o una simple dolencia de hígado o un malestar estomacal, pueden tirar por la ventana en cuatro horas la preparación y los éxitos de varios años. La distancia que separa al jugador número 20 del ranking con el número 40, y a éste, a su vez, con el ubicado 60, no es un abismo, y es muy cierto que la movilidad entre ellos es constante lista a lista. Pero, todos apreciamos años a año que los top ten se modifican con mayor lentitud, y esto no es porque pertenezcan a una secta o aun grupo cerrado que tenga argumentos de fuerza sobre el resto. Sin exagerar, quizá la distancia que hay entre alguien que anda por el puesto 40 del ranking y el número uno, sea semejante a la profundidad de la fosa de las Aleutianas. El argumento esencial de esta elite es su fuerza ajedrecística. El Campeón del Mundo no es el fruto de un buen torneo.

6.
No es osado decir que tal vez Kasparov no hubiera obtenido la maestría que alcanzó en el juego posicional de no mediar en su carrera hacia el título mundial la inicial serie inconclusa de 48 partidas ante Karpov, y los subsiguientes matches contra Tolia. Para mencionar al menos un simple ejemplo de la contribución del sistema anterior sobre nuestro juego. No estoy muy seguro de las ventajas que este sistema de eliminación, llevado a la practica por la FIDE en las dos últimas ocasiones, trae aparejado. De lo que sí estoy seguro es que no volverá a ser posible asistir a un match por el Campeonato Mundial donde el challenger se dé el excéntrico gusto de sacrificar un alfil en la primera partida y de perder por incomparecencia la segunda, y no obstante esto lograr al cabo del encuentro el título de Campeón Mundial. Eran tiempos de Bobby Fischer, la economía de mercado todavía no infligía su despótico poder en todas las actividades, no había caído el muro de Berlín, y los rusos y la mayoría de los otros aún eran soviéticos o algo por el estilo, y la FIDE era más FIDE. Ahora hay que ser sensación, obtener sponsors, atraer publicidad; pero, el ajedrez: ¿qué? A este torneo, que acabó el sábado 28 de agosto con la victoria de Alexander Khalifman y su entronización como campeón mundial, ¿no correspondería por la forma en que se disputa denominarlo serie mundial, y mantener el sistema antiguo- el que era moderno en 1948-, para la elección del genuino monarca? ¿Se acuerdan del Ciclo de Candidatura? Aquí no participó Kasparov, Karpov ni Anand. ¿No tendrá razón Fischer cuando declara que es el verdadero Campeón Mundial?

7.
Botvinnik en sus últimos años se quejaba de que la nueva generación -seducida por la informática y las variantes de apertura en su preparación para la competencia-, estaba por demás preocupada en la novedad teórica, sin tener en cuenta, en su verdadera dimensión y por encima de todo factor, a la comprensión general del juego. En uno de sus poemas el Premio Nobel de Literatura de 1948, Thomas Stearns Eliot (1888-1965), señala como característica de nuestra época que a la sabiduría la cambiamos por conocimiento, y al conocimiento por información, degradando no sólo los objetivos sino también el espíritu de la búsqueda.

8.
La mayor paradoja de esta larga historia tal vez sea que cuando la FIDE se adueñó con mayor arbitrariedad del título de Campeón Mundial, es cuando su prestigio y su poder parecen estar más que nunca en baja, y no se sabe bien hasta cuándo ni hasta dónde. El desafío quizás sea acomodar la realidad al presente con inteligencia y voluntad para conservar de la FIDE los elementos más valiosos de su constitución y aquello que le dio más fortaleza ante la comunidad de ajedrecistas. ¿Se acuerda de Gens Una Sumus?

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(1) De ahora en más seré sabio,
Y pretenderé la gracia.
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Buenos Aires, septiembre de 1999
Copyright Héctor Álvarez Castillo